'Siempre supo qué decir para hacerme sentir bien, cómo hacerme reír o cómo hacer que tocase el cielo. Me hizo entender de mil formas diferentes que no se rendiría tan fácilmente, que haría lo que fuese por estar a mi lado, que quien no arriegas no gana. Quiso jugar con fuego y no le daba miedo quemarse. Está acostumbrado a que me quede dormida y no le responda hasta las cuatro de la mañana, me acostumbré a sus 'quiero verte' repentinos cada día, a sus ganas de que no me fuera, que me habían dicho que como él quedaban pocos, que me valoraría y me iba a querer como nadie. Y qué razón tenían. Que hoy por hoy es mi suerte, que no podría tener a nadie mejor que él.
Que su voz y sus manos son mi edén privado, se podría decir que es un pecado hecho humano. Y pecaría las 24 horas del día si de él se trata.'
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