Puedes quemarte o salvarte. Pero muchas veces lo que decidimos no pasa en la vida.
Decidimos alejarnos de la persona en nuestra enfermedad, cuando sabemos que esa misma persona es nuestro medicamento. Luchamos contra el sentimiento de no amar para así salvarnos de ser lastimados, y terminamos amando el doble. Nos negamos a que alguien nos guste, pero siempre termina gustándonos más. Lo mejor es que no decidas qué hacer con lo que sientes, y dejes que el momento pase. Luego veras como manejarlo, porque cariño, no te preocupes del problema hasta que no la tengas enfrente, pues lo que puede ser un simple granito de arena, lo llegas a convertir en una montaña del tamaño del Tibet.
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